
Últimamente, la ultraderecha relacionada con Trump en España ha adoptado el término político “Prioridad Nacional”, presentándolo como una versión local del lema “America First” que Donald Trump usó durante su campaña electoral en Estados Unidos.
El término “prioridad nacional” engloba el concepto de Nación, cuya definición ha sido objeto de amplias discusiones en España, debido a la existencia de diversas interpretaciones derivadas del contexto histórico, político y las diferentes ideologías. En el ámbito español, la palabra “nacional” está asociada con una connotación histórica vinculada al régimen de la dictadura del General Franco, cuya ideología (franquismo, fascismo español o falangismo tradicionalista) son coincidentes en gran medida con las ideologías de algunas formaciones políticas de ultraderecha actuales.
El concepto “Prioridad” da a entender la existencia de una clasificación o de una jerarquía de elementos distintivos a considerar. Los ultraderechistas españoles consideran que existen categorías de Españoles, buenos y malos, y que ser español es siempre superior y “prioritario” a otras nacionalidades presentes en España.
Si retrocedemos en el tiempo estos planteamientos discriminatorios e ideológicos nacionalistas ya se habían producido con anterioridad con consecuencias muy negativas. Por ejemplo, durante la Alemania del Régimen Nazi (Nacionalsocialismo alemán) coincidente con la dictadura española del general Francisco Franco.
Adolf Hitler, que fue Canciller imperial de la Alemania nazi entre 1933 y 1945, también ultranacionalista, consideraba que los únicos con derecho a llamarse «alemanes» eran aquellos que eran de la «raza aria, por tanto, todo aquel que no perteneciera a dicha “raza aria” debían ser aniquilados para preservar la pureza de la raza aria y no contaminarla.
En base a esas ideas racistas, Adolf Hitler decidió embarcarse en la depuración de la raza, comenzando por los judíos, los gitanos, los homosexuales, los discapacitados psíquicos, los socialistas, los comunistas y todo aquel que a su juicio supusiera una contaminación de la raza aria.
Las ideas de Hitler era conseguir el arquetipo de Alemán perfecto para una Alemania pura e inmaculada, victoriosa en el campo de batalla y admirada por las masas por su grandeza.
Las ideas de Hitler se plasmaron en las Leyes de Núremberg de 1935 , basadas en el programa de la «Solución Final» que consistía básicamente en la aniquilación industrial de judíos, gitanos, homosexuales, discapacitados Psíquicos en las cámaras de gas de los terroríficos campos de exterminio del régimen Nazi. También la tomaron con los marxistas y comunistas al atribuirles Hitler erróneamente una genética judía, por considerar que K. Marx era judío (En realidad era de familia alemana, caucásico europeo, educado como cristiano luterano y más adelante se hizo ateo).
El resultado de la «Solución Final» fue un genocidio convertido en una potente industria de reciclaje de todo tipo de objetos y por desgracia también, de SERES HUMANOS. Ese genocidio es conocido en la historia como «Holocausto» o «Shoah», siendo el campo de exterminio de Auschwitz el mejor ejemplo de la mayor brutalidad y el salvajismo de la historia contra la dignidad humana.
Desgraciadamente vemos hoy, cien años después, como el libre genocidio (Genocidio de Gaza y ahora Líbano) cotiza al alza en las bolsas internacionales y no tiene consecuencias. Los intereses económicos, financieros y comerciales son más importantes que la ética y la dignidad humana. Hoy muchos debaten sobre las apuestas cómodamente sentados ante el medio preferido comiendo palomitas, acerca de quién ganará la absurda guerra de EEUU+Israel contra Irán, pero prácticamente ningún medio habla de cuantos muertos llevamos ya por ambos bandos desde que comenzó la guerra.
Cuántas familias rotas, cuánta destrucción, cuántas familias lo han perdido todo por una guerra que ellos ni han provocado, ni era demandada. La culpabilidad no es de la ciudadanía, sino de sus líderes políticos, mediáticos y en este caso también religiosos. Las víctimas de todas las guerras por lo general son siempre las mismas: los pobres, las mujeres, los discapacitados, los dependientes y los menores de los cuales nadie se acuerda nunca y no salen en los medios «para no dañar a sensibilidad de los espectadores”, aunque ello provoque mucha insensibilidad ante los problemas del mundo. Se banaliza la realidad y se oculta la crueldad humana.
Apoyar posiciones maximalistas ultras, extremistas, fundamentalistas, negacionistas e integristas siempre ha generado dictaduras, autocracias, regímenes oligárquicos y anocracias. Las posiciones maximalistas se retroalimentan mediante el maniqueísmo, el populismo, las batallas culturales y el disfrute de la dialéctica combativa y competitivo como si de un juego interactivo digital se tratase.
En una ocasión, un filósofo afirmó que el nacionalismo y el populismo representan un desafío importante en el siglo XXI. La exclusión, la discriminación, la desconfianza, la deslealtad, la paranoia y el maximalismo dificultan el abordaje racional de los problemas, lo que puede conducir a soluciones poco efectivas, generar nuevos problemas y perpetuar las dificultades existentes.
La pérdida de ética y de racionalidad en este mundo global que hoy se enfrenta a múltiples nacionalismos y populismos excluyentes hace que el mundo perciba que la única solución a los problemas en una democracia sea implantar una dictadura. Frente a la democracia liberal o social, los ultras españoles y europeos como Orban, Le Pen, Weidel o Abascal proponen un régimen iliberal gobernado por autócratas u oligarcas. Eliminación del estado de derecho, supresión de garantías constitucionales, fin de ayudas sociales, tratar como esclavos o ganado a los inmigrantes, aislamiento internacional, auto legitimación de guerras privadas y desregulación económica.
Se podría decir que la ultraderecha mundial y europea está permeando las sociedades rompiendo el orden establecido para imponer su propio orden antidemocrático iliberal y antisocial. Un orden muy parecido al fascismo del siglo XX, pues rechazan tanto el liberalismo clásico como el comunismo soviético y la izquierda alternativa.
Se empieza con “prioridad nacional” y se acaba cometiendo un genocidio. Está en manos de los demócratas salvar a la nación de estos ultranacionalistas trumpistas con las herramientas de la democracia.

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